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Cauquenina y Ex Alumna del Liceo Claudina Urrutia de Cauquenes, Académica Cecilia Albala Brevis se adjudicó la Condecoración al Mérito Amanda Labarca

Cauqueninos hacen Noticia
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Coterráneos algo bueno esta vez, una Cauquenina aparentemente no muy conocida o reconocida en nuestra tierra, pero sí muy premiada en la capital de Chile, hace muy poco fue premiada con la Condecoración al Mérito Amanda Labarca, dicho reconocimiento la enaltece  entre su pares. Además una de las calles de Santiago lleva su nombre "Calle Profesora Amanda Labarca" que queda entre Amunátegui y Teatinos.

Algo de su historia: Nació en Cauquenes cuando tenía como 20.000 habitantes y estudió en el Liceo Claudina Urrutia ex Liceo de Niñas de Cauquenes. En su historia nos cuenta que curiosamente, otra Cauquenina que estudió en el mismo Liceo, recibió la condecoración Amanda Labarca, se trata de Carmen Luz de la Maza, Decana de Ciencias Forestales, segunda mujer en Chile que se tituló de Ingeniero Forestal y la primera profesional de esa área en trabajar en la Facultad de Ciencias Forestales de nuestra Universidad.

Coterráneos leal más abajo artículo en donde se destaca el por qué recibió este premio y un discurso hecho por ella en donde relata parte de su historia que la une a la tierra Cauquenina.

Felicitaciones a la Cauquenina academica Cecilia Albala Brevis por todos sus logros y ejemplo a seguir por la nuevas generaciones, que con actitud y esfuerzo todo se puede lograr.

Primer artículo:
Un jurado presidido por el Rector Ennio Vivaldi, le concedió a la Profesora Titular del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos Dr. Fernando Mönckeberg Barros, INTA, Cecilia Albala -médico cirujano y especialista en Medicina Interna y Salud Pública-, el reconocimiento en atención a su aporte excepcional a la profesión y servicio al país. Pionera en los estudios sobre obesidad y envejecimiento en Chile, en la siguiente entrevista la Dra. Albala recorre sus más de 50 años en la Casa de Bello: investigación, docencia, y una década de destitución por razones políticas, son parte de su historia.

Estudió en el Liceo de niñas de Cauquenes, en la VII Región. Hija de un médico que murió precozmente y de una madre dirigente del Partido Radical de la zona, asomaba la década de los sesenta cuando la hoy la Profesora Titular de la U. de Chile decidió venirse a estudiar Medicina a Santiago “La discriminación fundamental, la única que sentí brutal fue que había una cuota de 20 mujeres para entrar a estudiar Medicina en la Universidad de Chile”, recuerda la profesora Albala, mirando atrás y pensando qué costos tuvo que asumir sólo por el hecho de ser mujer.

“Eso realmente me afectó. De hecho, no entré a la primera porque, claro, había 20 mujeres mejores que yo. De ahí para adelante debo confesar que en la Escuela de Medicina no me sentí discriminada, ni en la clínica tampoco. Probablemente también pasa que cuando viviste en un mundo muy discriminador, no eres ni siquiera capaz de darte cuenta que era discriminador porque era así no más. Yo simplemente aprendí a batírmelas sola, como pudiera, y me las arreglé”, dice la especialista en Salud Publica, que el 11 de marzo próximo recibirá la Condecoración al mérito Amanda Labarca 2018, que la Casa de Bello entrega anualmente a mujeres universitarias que se hayan destacado de forma excepcional en su profesión, y cuyo jurado estuvo compuesto por el Rector Ennio Vivaldi, la vicerrectora de Asuntos Académicos, Rosa Devés, la representante de la Asociación de Mujeres Universitarias, Emma Salas, y la ganadora de la versión anterior, Eugenia Spodine. El premio, se sumará a varios otros reconocimientos recibidos por Albala, entre ellos, su nombramiento como Miembro de Número de la Academia de Medicina del Instituto de Chile (2014), Mujer Generación Siglo XXI” de la U. de Chile (2004) y Premio Academia Chilena de Medicina (2010).

-¿Cómo tomó la noticia de esta Condecoración Amanda Labarca?
Estoy muy feliz de este reconocimiento, me llena de orgullo, siento que tener este premio que recuerda a Amanda Labarca, una mujer extraordinaria, feminista, además, es un honor. Ahora, no sé si lo merezco, pero estoy feliz.
-Sus colegas al menos deben creer que se lo merecía porque fueron ellos quienes la postularon.

Me postularon mis colegas del INTA y yo supe de esta postulación cuando me pidieron el curriculum para hacerlo. La primera persona que se acercó fue el Dr. Fernando Vio, después esto pasó a la dirección del INTA, y el director, Francisco Pérez, también fue súper ejecutivo solicitando cartas de recomendación. La respuesta de todas estas sociedades científicas fue muy rápida y muy buena. Eso también me llenó de orgullo.

-¿Por qué cree que sus pares la valoran tanto?
Las cosas que hago en general son relacionadas con la salud pública y con problemas que han sido fundamentales en el país. Partí con investigación en dos líneas paralelas: el tema de la obesidad, cuando recién estaba partiendo, por un lado, y demencias y envejecimiento, por otro. Esta segunda línea de investigación la mantenía porque era un desafío desde el punto de vista de mis conocimientos epidemiológicos. Después, no me preguntes cómo, con la transición nutricional epidemiológica, la transición demográfica y el envejecimiento de la población, de alguna forma se fusionaron estas líneas y empecé a trabajar en envejecimiento, y dentro de envejecimiento, en el tema de qué significa la obesidad en los adultos mayores. Lo que yo hago es lo que se llama investigación traslacional, que es traducir la investigación a cosas que sirvan directamente a la población, por eso me conoce mucha gente.

-Y desde cuándo surge esta vocación por la salud pública.
En primero de Medicina, nos hicieron una encuesta preguntando a qué nos queríamos dedicar. Yo puse medicina preventiva y me fueron a preguntar por qué. Yo dije ´’quiero hacer cosas para que la gente no se enferme’, eso fue el año ’62. Siempre tuve esta vocación. Después hice una beca mixta con Salud Pública y Medicina Interna.

-Egresó en 1969 y se integró a la Facultad de Medicina justamente en la organización de salud de la zona.

Me gané un puesto después en la Facultad de Medicina, y el año ’73 estuve a cargo del Programa de Adultos del área norte, pero siempre desde la Universidad. Cuando vino el Golpe me destituyeron, estuve fuera del sistema desde septiembre del ’73 hasta el ’79, que me invitaron a venirme al INTA. El Dr. Fernando Monckeberg me abrió las puertas, y yo dije ‘pero yo no puedo pisar la Universidad de Chile’, me dijeron ‘bueno, para qué le vas a poner un letrero a la puerta’.

-¿Cuáles fueron las razones que le dieron para destituirla?
Yo era socialista. Cuando llegó el gobierno de Salvador Allende, estudiando la situación de la salud pública en el área norte, me di cuenta que solo había cerca de 20 horas de atención de adultos en los consultorios. Ahí organicé que los médicos del Hospital de La Chile salieran con los alumnos y a los internos a atender, y fui con esta idea a donde el decano de turno, que era el Dr. Jorge Litvak, él me encontró razón y acogió esto. Ahí empezó todo porque eso no les cayó bien y empezaron a decir que yo era revolucionaria, que había organizado a la población, cosas de ese estilo.

-¿Y cómo fue incorporarse al INTA?
Cuando me ofrecieron trabajar en el INTA dije ‘¿Qué voy a hacer yo en el INTA? Si esto es infantil, yo hice medicina adultos y salud pública también en adultos´. Pero era para evaluar unos comedores infantiles y eso era salud pública, epidemiología, así que dije, por ahí me tiro. Partí con la obesidad, con la evaluación de los comedores infantiles, y ahí nos dimos cuenta que las mujeres que atendían los comedores infantiles, que eran del POJH (Programa de Ocupación para Jefes de Hogar) de La Florida, pobres en esa época, eran obesas. Ahí hicimos un programa de intervención para que bajaran de peso. Primero no querían participar porque creían que iban a decir que se comían la comida de los niños, cuando el problema era que lo que comían todo el día era té con azúcar y pan al que le echaban cebolla frita, cosas así. Eso fue un éxito, lo publicamos y ahí partió todo. Aunque oficialmente volví aquí el año ’89. Antes tuve prohibido trabajar en el sistema público, así que trabajaba con boletas, y tenía mi consulta.

-Tras todos estos años, ¿cómo es su vínculo con la Universidad?

Yo amo la Universidad de Chile, para mí no hay otra. A pesar de lo que me pasó, porque esta Universidad me ha permitido desarrollarme, me ha permitido todo esto que me está pasando. Es muy importante el lugar donde trabajas, y probablemente el hecho de estar aquí en el INTA fue el principal factor gatillante ¿Por qué? Porque aquí es como un oasis en que a las personas se las cataloga por lo que hacen, como yo le digo a la gente que trabaja conmigo, no me interesan las horas sillas, y aquí siempre ha sido así.

-Además de investigación y formación, fue parte de la creación del magister en Envejecimiento y Calidad de Vida y el Diplomado en Geriatría y Epidemiología Geriátrica, Senadora universitaria, miembro de la Comisión Bravo de pensiones, representante presidencial ante el Consejo Universitario, ¿qué sigue ahora?

Mis planes son siempre seguir para adelante. En este momento lo que quiero es hacer otra ronda de mis evaluaciones, incluir gente más joven en las cohortes, porque tengo que incorporar gente que haya nacido en los ’50, ya que mi hipótesis es que este grupo va a ser completamente distinto a los que nacieron antes de esa década, y lo más probable es que eso les afecte la sobrevida y la expectativa de saludable.

-O sea, de jubilar nada…
Tendré que jubilar, digo yo, pero mientras sienta que pueda aportar y tenga energía, lo voy a hacer.
Prensa U Chile

Fuente: https://inta.cl/academica-cecilia-albala-se-adjudico-la-condecoracion-al-merito-amanda-labarca/

 

Segundo artículo:
Discurso dado en la Universidad de Chile el día 11 de Marzo del 2019

Sr. Rector Dr Ennio Vivaldi, autoridades universitarias, amigos, colegas, discípulos, querida familia

“…Educar es un proceso doble: estimula el desarrollo de las capacidades, aptitudes y vocaciones latentes y, al mismo tiempo, encauza su ejercicio para que sirvan a la conservación y fomento de aquellos valores éticos e intelectuales que, en la presente etapa de su evolución, la sociedad estima como los ‘mejores’1…”

Este párrafo de Amanda Labarca en Bases para una política educacional, expresa lo que siempre he querido hacer como académica de la Universidad de Chile.

Recibir este premio es para mí la culminación de mi quehacer universitario, no sé si lo merezco, pero sí sé que me ha hecho profundamente feliz. El nombre de este premio recuerda a la gran académica, que dedicó su vida a lograr un anhelo, como lo dice también en Bases para una política educacional: “Anhelamos el advenimiento de un mundo de menores crueldades, perversiones, injusticias y tragedias. Tal nos parece la meta de la humanidad, tal el sentido de la cultura, tal el de la educación, porque ésta ha de ser aprendizaje y preparación para la vida superior”1

Su lucha incansable por la educación y los derechos de la mujer es una que aún continúa y su ejemplo nos refuerza la necesidad de obtener finalmente la igualdad entre los seres humanos y entre hombres y mujeres.

Como anécdota del compromiso republicano de Amanda Labarca, una calle peatonal de la comuna de Santiago lleva su nombre.

Ubicada entre Amunátegui y Teatinos, durante 36 años llevó el nombre de "Lorenzo Gotuzzo" en homenaje al ministro de Hacienda de Augusto Pinochet. Pero el 6 de marzo del 2016 la Presidenta Michelle Bachelet hizo justicia y le restituyó su nombre, pasando a llamarse "Calle Profesora Amanda Labarca".

En lo que a mí concierne, nací en Cauquenes, ciudad situada a 406 kilómetros de Santiago, en una zona que fue habitada por la tribu mapuche denominada Cauquenes, como lo consignó Alonso de Ercilla en su obra La Araucana, grupo que adoptó su nombre del cauquén, ave que habitaba de manera abundante la zona y otros lugares de América del Sur. La ciudad de Cauquenes fue fundada en 1742 por José Antonio Manso de Velasco, en terrenos ubicados entre los ríos Tutuvén y Cauquenes, que el cacique Ascensio Galdames y su esposa, donaron al reino español. Si actualmente tiene 30.000 habitantes, en la década del 40, cuando nací, no eran más de  más de 20.000.

Allí, en ese contexto, el papel de la mujer estaba relegado a la maternidad y los quehaceres del hogar. Después de dos hermanas mujeres, yo tenía que ser hombre y hasta tenía nombre, Eduardo; por suerte el cuarto hijo fue hombre y eso me permitió recuperar mi nombre. Afortunadamente mi padre era un adelantado a su época y en mi hogar no había diferencias, lo único que valía era la argumentación lógica, la cual nos estimulaba permanentemente. Mi madre, que enviudó a los 47, años tuvo la fuerza para sacar adelante toda la familia y fue un ejemplo que siempre me ha guiado. La exigencia mínima para todos nosotros era aprobar el Bachillerato y debo decir que el Liceo de Niñas Claudina Urrutia de Cauquenes, donde me eduqué, permitía salir airosa de ese desafío. Curiosamente, de ese Liceo proviene también otra académica con la condecoración Amanda Labarca. Se trata de Carmen Luz de la Maza, Decana de Ciencias Forestales, segunda mujer en Chile que se tituló de Ingeniero Forestal y la primera profesional de esa área en trabajar en la Facultad de Ciencias Forestales de nuestra Universidad.

La primera vez que me sentí discriminada por ser mujer fue cuando postulé a Medicina y no quedé aceptada porque el cupo para mujeres era solo de 20; ello fue un aliciente para volver a postular, esta vez en forma exitosa, aun cuando se mantenía el cupo de 20.

Probablemente ello me estimuló a no bajar la cabeza y me fortaleció para que nunca aceptara que por ser mujer no tenía los mismos derechos que los hombres.

Desde que ingresé a la carrera, me interesó la salud pública, porque mi mayor anhelo fue siempre trabajar para mejorar la salud de la población. En ese contexto obtuve una beca de salud pública y al recibirme, me involucré no solo en la docencia sino en la atención primaria de los adultos en el Área Norte, donde trabajé con el Dr. Pedro Santander en los Consejos Locales de Salud, organización inédita en que la población participaba en la conducción de la atención primaria de salud. Ello me costó ser destituida por la dictadura en 1973, pero en 1979, mi amigo Francisco Mardones, sin temor a represalias, me invitó a trabajar con él en el INTA, en un proyecto de comedores infantiles. Quiero destacar aquí la acogida que el Dr Fernando Monckeberg, no solo me dio a mí, sino a un grupo de académicos que estaban en una situación similar, dándonos todas las facilidades para nuestro quehacer. Volver a la Universidad, después de 6 años de destierro de la Academia fue para mí algo maravilloso; es en esta Universidad donde he logrado  gran parte de mis sueños. Para mí es la única!

No puedo decir que mi vida académica posterior no haya estado exenta de problemas; cuando volvió la democracia y pude postular a postgrados en el extranjero, la primera respuesta fue que desgraciadamente ya era “too old” para obtener una beca, pero cuando les dije que para mí fue imposible acceder a perfeccionamiento de postgrado durante la dictadura, me abrieron las puertas y pude completar mi formación primero en la universidad de Padova y luego en la Universidad Erasmus de Rotterdam.

El INTA ha sido mi segundo hogar, un lugar donde me siento acogida y querida por todos; es ahí donde he tenido la libertad para trabajar en lo que me gusta, primero en los 90, en líneas paralelas en obesidad y envejecimiento para después hacer converger estas líneas a partir del 2000.

Ahí además hemos podido crear programas adecuados a las necesidades del país, como fue el primer diplomado a distancia en geriatría y gerontología que se impartió en 2000/2001 y luego crear junto al Dr Bunout el primer Magister en Envejecimiento. Agradezco a la vida trabajar en lo que me apasiona, pero debo decir que, sin el apoyo de mi familia, jamás lo habría logrado; ellos han sido mi mayor apoyo, siempre estimulándome a seguir adelante con un amor incondicional. Mis padres me dieron las primeras herramientas pero mi marido, mis hijos y mis nietos me han permitido y estimulado a la adquisición y uso de nuevas.

Agradezco a las autoridades de la Universidad y del INTA por esta condecoración, en especial al Señor Rector, con quien me une una amistad y cariño de muchos años. Agradezco al resto de mis compañeros de trabajo, que no voy a mencionar, porque cada uno de ellos sabe cuánto y cómo los quiero, y estoy segura de que ellos valoran muy bien el aprecio y cariño que les tengo y lo importantes que han sido en mi vida. Un recuerdo especial a mi hermano Alejandro, quien si hubiese podido estar presente, estoy seguro sería el más feliz y orgulloso de todos.

Muchas Gracias!!
1 Labarca, A. (1944). La educación como función social. En Bases para una política educacional (pp.9-18).

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